Antonio López García

 

    Nació en Tomelloso, Ciudad Real, el 6 de enero de 1936, en el seno de una familia acomodada que vivía del cultivo de sus tierras; unos meses antes del comienzo de la guerra civil española, que se produjo el 17 de julio con el alzamiento del ejército. La guerra concluiría tres años después, el 1 de abril de 1939, dando paso a una larga dictadura militar de treinta y siete años encabezada por Francisco Franco. No obstante, Antonio López recuerda su infancia en el pueblo como una etapa feliz y tranquila. Es allí donde inicia su formación artística con su tío, el pintor Antonio López Torres, quien, al observar su facilidad para el dibujo, actividad en la que encontraba cada vez más placer, copiando durante horas láminas que reproducían cuadros del siglo XIX, durante el verano de 1949, le orienta en sus primeros dibujos y pinturas del natural. En octubre de ese mismo año, su tío convence a sus padres para que Antonio viaje a Madrid para preparar el examen de ingreso a la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Para ello trabaja sobre todo en el dibujo de estatua, copiando las escayolas del Museo de Reproducciones Artísticas, entonces ubicado en el Casón del Buen Retiro, y asistiendo también a los cursos de la Escuela de Artes y Oficios por las tardes. A partir de este momento conoce a quienes en adelante serían sus amigos y principales compañeros de generación: los hermanos y escultores Julio y Francisco López Hernández, los pintores Joaquín Ramo, Enrique Gran, Lucio Muñoz, y el pintor y literato Francisco Nieva, entre otros. Algo más tarde se añadirán al círculo de amistades las pintoras María Moreno, Isabel Quintanilla y Amalia Avia. A los catorce años supera el examen de ingreso en la Escuela de San Fernando, donde cursará entre 1950 y 1955 los estudios oficiales de Bellas Artes. En 1955 viaja a Italia, junto a Francisco López, gracias a una bolsa de viaje del Ministerio de Educación Nacional. Ese mismo año expone en las salas de la Dirección General de Bellas Artes junto a Francisco y Julio López  Hernández y Lucio Muñoz, encaminado éste ya hacia la abstracción. 

 

     Al terminar sus estudios regresa a Tomelloso y prepara allí su primera exposición individual, que tuvo lugar en el Ateneo de Madrid en diciembre de 1957. En 1958 gana el concurso de Bellas Artes de la Fundación Rodríguez Acosta, en la sección de “Naturaleza Muerta”, por el que recibe una beca con la que viaja a Grecia, de nuevo acompañado por Francisco López; con quien también visitará Roma, gracias a otra beca del Ministerio de Educación. Hasta el año 1960 vive entre Tomelloso y Madrid, los dos lugares más importantes para él tanto a nivel artístico como de residencia. Durante esta etapa, los recuerdos felices de su niñez y adolescencia en Tomelloso le inspiran a realizar un gran número de obras en las que están presentes el pueblo o las cosas y personas que allí le han acompañado. Su obra de esos momentos es plenamente figurativa y, en ella, desarrolla una gran variedad de temas que van desde los bodegones con cierto carácter fantástico, alegres temas vegetales, retratos cargados de fuerza y expresión, así como una serie de pinturas en las que la ciudad y el paisaje se muestran como fondo de las figuras y naturalezas muertas. En la producción de estos años se encuentran elementos de distintas corrientes artísticas como el cubismo o el surrealismo, siendo estos últimos los más recurrentes ya que le ayudaban a reforzar el carácter narrativo de las obras. La escultura ocupa ya una parte importante de su producción, realizando sobre todo impactantes relieves policromados y algunas expresivas esculturas de bulto redondo, como las que representan a su hija María de niña.  

 

    A partir de 1960 comienza a pintar las primeras vistas de Madrid en las que la ciudad es la protagonista; tema que va a ocupar un gran espacio de su producción durante toda su carrera. La década de los sesenta marcará, aunque se producirá de modo paulatino, su paso definitivo a la representación objetiva de la realidad. En este periodo alternará obras en las que el enfoque ya está totalmente apegado a la realidad, con otras en las que todavía aparecen elementos surrealistas.

 

    En 1961 recibe la Beca de la Fundación Juan March; institución que años más tarde incorpora a su colección  el óleo Figuras en una casa (1967). Ese mismo año contrae matrimonio con la pintora María Moreno y realiza su segunda exposición individual en la Galería Biosca de Madrid, dirigida entonces por Juana Mordó. Unos pocos años después, en 1964, pasó a ser representado por la recién inaugurada Galería Juana Mordó de Madrid. Los contactos internacionales de esta galería suponen una serie de exposiciones, sobre todo en Alemania y Estados Unidos, que permiten que su obra pase a formar parte de colecciones y museos internacionales. En Alemania se generó  un gran interés por el arte realista español de ese momento, en un principio de la mano del marchante de arte Ernesto Wuthenow, que continuaría hasta los años ochenta y que cristaliza en numerosas exposiciones colectivas, incluyendo también a los pintores Antonio López Torres, Isabel Quintanilla, María Moreno y al escultor Francisco López. Destacan las exposiciones colectivas sobre pintura y escultura contemporánea internacional realizadas en el Carnegie Institute de Pittsburgh en 1964 y 1967, así como la Feria Mundial de Nueva York de 1964 dedicada al arte español, auspiciadas por la Dirección General de Bellas Artes.

 

    Entre 1964 y 1969 fue el profesor encargado de la Cátedra de Preparatorio de Colorido en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, que abandona para dedicarse por completo a su carrera artística; aunque después, de modo esporádico, ha impartido cursos en distintas instituciones culturales.

 

    Durante los años sesenta sus obras abarcan una gran variedad de temas que incluyen los retratos de personas de su entorno, interiores, temas vegetales y vistas urbanas pintadas siempre frente al motivo que, en muchas ocasiones, eran interrumpidas y retomadas a lo largo de un período dilatado en el tiempo. A finales de los sesenta el dibujo ocupa más tiempo y espacio en su producción, realizando varios dibujos autónomos en los que representa los interiores y baños de los lugares donde discurren su vida y su trabajo. Precisamente, esta gran dedicación al dibujo será la que influya en la depuración de su pintura, en la que se verá ya de forma clara la composición, perdiendo carga matérica. En esta etapa trabaja indistintamente en los tres lenguajes artísticos que le han servido para expresar y comunicar sus temas: dibujo, pintura y escultura.

 

  Durante estos años Antonio López participa en numerosas exposiciones colectivas y algunas individuales. Sobresalen entre estas últimas, por su repercusión, las realizadas en la Staempfli Gallery de Nueva York en 1965 y 1968. Ambas muestras suponen su consagración a nivel internacional, al tiempo que facilitan que su obra se disperse por distintas colecciones norteamericanas que, coincidiendo  con el auge de las tendencias realista e hiperrealista en Estados Unidos, desarrollan un interés por la corriente realista española. Su siguiente exposición individual vuelve a darse fuera de España, en 1972, en la galería parisina Claude Bernard. En este periodo continúa realizando dibujos y óleos de fuerte realismo en los que los interiores y, ahora también, las ventanas de su estudio son los protagonistas. Estas obras las trabaja exhaustivamente durante largos períodos, realizando en ellos precisos estudios de luz, utilizando distintas técnicas y formatos, adaptando la realidad.

 

    En aquellos años, a raíz de una exposición individual organizada por la Galería Galatea de Turín, la obra de Antonio López encuentra una gran acogida en Italia y pasa a formar parte de varias colecciones. Se muestran allí diversas pinturas de finales de los cincuenta, que tienen aún un eco surrealista, así como algunos cuadros de los años sesenta que tienen ya una orientación realista, acompañadas de unos pocos relieves policromados en los que el público italiano encuentra algo familiar y sugestivo, puesto que la forma del bajorrelieve ha estado muy vinculada al arte de aquel país desde la Antigüedad. Pero esta afinidad es de doble dirección, ya que el arte italiano tiene una gran influencia no sólo en la obra de López, sino del grupo de artistas que trabajan sobre la realidad en Madrid y con los que mantiene un fuerte vínculo de amistad y compañerismo. Esta influencia no se limita a las artes plásticas, puesto que el cine neorrealista italiano de los años cuarenta, que retrata la realidad con tanta fidelidad y expresividad, tiene en ellos un gran impacto. Tiene precisamente el mismo enfoque objetivo y directo que ellos buscan en sus representaciones, la vida expresada sin adornos, sin paliativos.   

    En 1970 pasa a ser representado por la que a día de hoy sigue siendo su galería, la Galería Marlborough. A los tres años de ser su representado, en 1973, la sede londinense organiza una importante exposición colectiva dedicada al realismo español para mostrar las dos principales generaciones de pintores y escultores realistas españoles de ese momento, entre los cuales se encontraba Antonio López. En 1974 recibe el Premio de la Ciudad de Darmstadt por el doble retrato en madera policromada Antonio y Mari (1968), que forma parte de la colección del Städtische Kunstsammlung de aquella ciudad y que lo ha depositado de forma permanente en el Hessisches Landesmuseum. Unos años después, en 1983, recibe la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes y el premio Pablo Iglesias en la modalidad de artes plásticas. 

 

    1985 fue un año significativo en la trayectoria de Antonio López. Fue entonces cuando la Fundación Juan March organizó en el Museo de Albacete su primera exposición retrospectiva en España. Ese mismo año fue seleccionado para representar a España junto a Eduardo Chillida y Antoni Tàpies en la importante muestra de arte español Europalia 85. España, que se celebró en Bruselas y en otras ciudades belgas, y que tuvo gran repercusión entre la crítica. Este año fue además galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, uno de los premios artísticos más prestigiosos de España.

 

  En 1986 la Galería Marlborough le organiza una muestra individual que presenta en sus sedes de Nueva York y Londres. En 1990 el director de cine Víctor Erice filma la película El sol del membrillo, que muestra el proceso creativo de Antonio López y que, tras su estreno en 1992, es laureada con el Premio de la Crítica Internacional y el Premio del Jurado en el Festival de Cannes de ese año; con el Hugo de oro a la mejor película de ficción en el Festival Internacional de Cine de Chicago de 1992 y con el Premio a la Mejor Película de la década por la Cinemateca de Ontario en 1999.

 

    En 1993 el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía le dedica su primera gran exposición antológica, mostrando casi la totalidad de su producción, incluyendo ciento setenta obras entre dibujos, bocetos, pinturas y esculturas. Esta muestra supone la consagración definitiva de su obra. Ese mismo año fue nombrado Miembro de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid.

 

    En 1995, representa a España en la Bienal de Venecia junto a Antonio Saura, Eduardo Arroyo y Andreu Alfaro. En 1998 fue nombrado miembro del Patronato del Museo del Prado, cargo que mantendrá hasta mayo de 2009. En 1999 el Ayuntamiento de Valladolid les encarga a Antonio López y a los escultores Francisco y Julio López Hernández una escultura monumental, en bronce, que represente a las figuras sedentes de los Reyes de España. Supuso el primer trabajo escultórico en equipo realizado por los tres escultores. La escultura se inauguró en 2001 en su actual ubicación, el Claustro del Museo de San Benito de Valladolid -hoy Patio Herreriano-.

 

    En octubre de 2001 el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía organizó una presentación para mostrar las esculturas Hombre y Mujer junto a diecinueve de sus dibujos preparatorios, que acababan de entrar a formar parte de los fondos del museo por dación de Repsol YPF. Se unían así a otras tres importantes obras de Antonio López pertenecientes a la colección permanente del museo: Los novios (1955), Madrid desde el Cerro del Tío Pío (1962-63) y Madrid desde Capitán Haya (1987-94). En los últimos años esta institución ha adquirido otras relevantes obras de la producción de Antonio López. En 2004, como reconocimiento a su obra, es nombrado Miembro Honorario de la American Academy of Arts and Letters de Nueva York. En julio de ese año recibe la Medalla de Honor de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo y, en septiembre, el Premio Ciudad Alcalá de Henares de las Artes.

 

    En 2006 entrega en la Asamblea de Madrid su pintura urbana de mayor formato realizada hasta el momento, Madrid desde la torre de bomberos de Vallecas, que supera los cuatro metros de ancho y representa casi la totalidad de la superficie de la ciudad vista desde aquel punto. En ella, además de querer documentar la ciudad, representando sus edificios más característicos con la definición que este deseo exigía, está presente un gran estudio de la luz y el cielo, que no escapan a la contaminación, consiguiendo una imagen totalmente real y reconocible de Madrid. En junio de este año recibe el Premio Velázquez de las Artes Plásticas, máximo galardón de las Bellas Artes en España.

 

   En 2008 culmina su primer encargo de escultura monumental pública en solitario, dos grandes cabezas monumentales de bronce de tres metros de altura, y que representan a su nieta de bebé. Estas obras, La Noche y El Día, se instalan en la que fue su primera ubicación en la estación de Atocha de Madrid, en el hall de acceso a los andenes. Actualmente se encuentran fuera de la estación. Estas esculturas le inspiraron para comenzar a trabajar en distintas obras escultóricas centradas en la figura humana. En abril de 2008, el Museum of Fine Arts de Boston le dedica una exposición individual –que  tiene gran eco en el panorama de la crítica internacional— en paralelo a una muestra histórica que abordaba el arte español durante el reinado de Felipe III: El Greco to Velázquez, Art During the Reign of Philip III.

 

    En febrero de 2010 recibe el Premio Penagos de Dibujo de la Fundación Mapfre de Madrid. En octubre de ese mismo año se inaugura su segunda escultura pública, La mujer de Coslada, en la Avenida de la Constitución de dicho municipio madrileño.

    En junio de 2011 se inaugura en el Museo Thyssen-Bornemisza una exposición individual que aunaba el carácter retrospectivo con la presentación de su obra más reciente que aún no había visto la luz. Esta muestra, que se exhibe de octubre de 2011 a enero de 2012 también en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, confirma el enorme interés que su obra tiene entre el público y la crítica, tanto nacional como internacional. Éxito que continúa en su exposición individual itinerante por varios museos de Japón durante 2013, comenzando el 27 de abril en el Bunkamura Museum of Art de Tokio.  Al año siguiente, es invitado por Vittorio Sgarvi a participar en el conocido festival La Milanesiana de 2014, en el que se le organiza una exposición especial en la que se presenta su óleo y dibujo La cena frente a la Cena de Emaús de Caravaggio, posibilitando una nueva lectura de estas obras.

 

    En diciembre de 2014 entrega el cuadro La familia de Juan Carlos I, obra de gran complejidad y que le ha requerido mucha dedicación –en la que ha trabajado de forma intermitente durante los últimos veinte años–. Es una pintura de gran magnitud, tanto por tratarse de un retrato de la familia real –que la une a los retratos de los monarcas españoles pintados por artistas de siglos pasados –, como por su gran tamaño –300 x 340 cm– y porque la ha trabajado a través de fotografías, indagando incansablemente en la composición, sin hacerlo directamente del natural. Esta obra se presentó en el marco de una exposición del Patrimonio Nacional dedicada al retrato real en el Palacio Real de Madrid: El retrato en las colecciones reales. De Juan de Flandes a Antonio López. Durante ese mismo mes, se inaugura en Vicenza, Italia, una muestra individual dedicada a su figura –Antonio López García— con cierto carácter retrospectivo, pero en la que el protagonismo se centra en sus piezas escultóricas y algunos dibujos al óleo recientes que, como aquellas, versan sobre la figura humana desnuda. De esta forma, tras más de cuarenta años desde su última exposición individual, Antonio López muestra su obra más reciente al público italiano, que le da una gran acogida. En paralelo, y en la misma ciudad, se organiza una gran exposición colectiva dedicada a la noche –Tutankhamon, Caravaggio, Van Gogh. La será e i notturni dagli Egizi al Novecento—, con obras de grandes artistas internacionales de siglos pasados y contemporáneos, entre los que están Zurbarán, Van Gogh,  Rothko o Francis Bacon y en la que Antonio López participa con cuatro obras.

 

    En agosto de 2015 expone de manera individual en la Sala Robayera de Miengo, Cantabria. En octubre del mismo año se presenta una selección de sus últimas piezas combinadas con algunas obras de etapas anteriores en el marco del Barcelona Gallery Weekend en la Galería Marborough de esta ciudad.

   En febrero de 2016, el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid dedica una exposición al grupo de artistas compañeros y amigos que han trabajado en la figuración desde los años cincuenta y sesenta en Madrid: Realistas de Madrid. Es una nueva oportunidad para que el público vea la obra de Antonio, junto a la de sus compañeros Isabel Quintanilla, Francisco y Julio López, María Moreno, Amalia Avia y Esperanza Parada, ofreciendo así una comparativa entre sus distintas actitudes frente a los temas y técnica, pero también sus puntos de convergencia.

 

En octubre de 2017 recibió el título de Académico de Honor de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia.

 

Autor: Beatriz Hidalgo Caldas

Fecha: noviembre de 2017

 

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